Módulo 1, Tema 2
En Progreso

Aproximación a una figura

16 de enero de 2022
Módulo Progress
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Por Pablo de Rokha

Hay una belleza que se desgarra por el sufrimiento, como una tela de seda, herida con un puñal de oro, en la última esperanza… Es la llave sagrada de su poesía. Allí, el gemido de su estilo y de su inteligencia, que es el desafío angustioso de la feminidad, abre su cátedra de vida fina, en la expresión poética más deliciosa de América.

Un castigo verbal, sin compás, específicamente armónico y brillante, pero con mucho otoño singular en las arterias, avanza al alma del lector, rodeándolo de dulzura, dominándolo, avasallándolo.

Es el lamento central de la persona humana; no es, como en la Mistral, en la Agustini o en la Ibarbourou, la hembra sellada o ardida, quien implanta la garganta literaria entre los órganos de la generación, clamando, en celo, por un amor animal, frustrado, quemado o victorioso, pero siempre de carne, en el cielo, en el suelo o en los negros infiernos, la pasión sangrienta, atorada en las tinieblas; ni son las jerarquías arcangélicas del inhibido Rilke, o el rojo Blake, sólo en la sombra ardida. Su filiación la ubica en la ceniza mental, de los que promueven el cerebro como instinto, y en quienes enciende la delicadeza y el pudor esencial de los tímidos, el gran armonio lacrado, en el cual el cordaje es el sistema nervioso, gritando en la criatura. Altura y finura en la figura emocional; todo ello sin énfasis ni beligerancia, todo ello con tremendo padecimiento popular y aristocrático en la misma órbita, todo ello con intuición y sangre; sus poemas van hacia aquella zona roja de la crisis del ser inteligente, que se sumerge en el instinto; pero, por decoro substancial, mantiene la forma, como ropa, en el instante total del naufragio, en el que las otras, sollozan, desnudándose; lo que no la inhibe para la ancha canción apasionada, sino que la regula y la custodia.

He ahí, entonces, el vértice de su ser femenino y amoroso, en el cual lo rítmico es el gran protagonista. 

“CANTORAL” y “ONIROMANCIA” no se desbordan, pero no se controlan; fluyen del equilibrio sucesivo de la escritura, es decir de la canción lograda, porque tales libros de himnos no están escritos, están cantados; es la vida, como melodía infinita y como imagen.

Este acendrado arte, cuya modulación supina no consulta el régimen del romanticismo en las palabras, es cardíaco y emocionante, como el más emocionante gótico, y es trágico, sin gran escena.

En este ambiente americano de poetisas desbordadas, que inscriben lo femenino en los registros de lo masculino, implantando un matriarcado literario, por inhibición de los varones, en virtud del gran potencial animal de la soberbia hembra de letras, su poesía aterrada y misteriosa, su poesía específicamente, de mujer mujer se mantiene en la penumbra de la colosal dignidad pasional heroica. Está en tensión secreta, trabajando lo humano y lo social, adentro. El acento del diario íntimo, el sollozo maternal de niña eterna, que recoge su caído imperio en el hijo, el cual aprieta al pecho y al canto de cuna, el acorde de la necesidad expresional, en la que estarán crucificadas las palabras, penetra su poema. Sin embargo, el pueblo y los pueblos del mundo están presentes en su trayectoria, no como objetivo calculado, sino como materia y necesidad y substancia. La flor del vino y del trigo, bornean su bandera de violencia sanguínea ahí, gravitando como en los sembrados, la amapola biológica y su cetro de sueño genital, pero, el verso se mantiene en pilares o en cristales puros, de tal manera estipulado, que la tempestad emocional corre por adentro, como un chorro de sangre por una gran tubería mágica.

España y Gran Bretaña cruzan las espadas de sol y mar históricos en las bases-sangres de su espíritu y emerge su definición finísima y su tipo de signo bizantino y ritual antiguo, distinguido como primitivo italiano y pre-Rafael, más que renacentista.

Los vestigios del catolicismo ancestral, humean, sublimados y aplastados por la dialéctica revolucionaria del marxismo. Porque, en Winétt, el cantar social exhibe su categoría, antes que en nadie, entre cien mujeres de Latinoamérica, resonando en la U.R.R.S., en el corazón del proletariado emancipado y soberbiamente heroico, grandioso y sonoro. La música mágica de su lenguaje es antigua y contemporánea, porque está en la historia del hombre y no en la cronología.

Su originalidad es originalidad, fuerte y grande de origen, única, en la gran corriente dionisíaca, y su vocabulario lo conquistó en sí misma, viviendo.

El ensueño tenaz, minando su adolescencia, originó aquella hiperestesia tremenda de sensitiva, de sensible supersensible, que enronquece como la enamorada guitarra de las islas en el atardecer paradisíaco. Fue la muchacha delgada con vocación de heroína. Es, hoy por hoy, la compañera de todos los riesgos de la poética y la política, en un ámbito infestado de emboscados y oportunistas asesinos en la misma trinchera. Y así como la doncellez melancólica le agrandó los ojos obscuros, la maternidad la hizo profunda. 

Escritora de nacimiento y dictamen, su canto es el canto más puro del Hemisferio.

El espíritu práctico y enigmático de la Albión druida le planteó en el alma el enorme orden inglés y la Hispania euroafricana, enrollándose en el Peñón de Gibraltar, le colocó la zarza ardida de Moisés y la gran Meseta de don Quijote, en la categoría forestal de la palabra.

Rigurosa y arriesgada en el fenómeno estético, es absurdo parangonarla a la célebre poetisa de ocasión y festejamiento, o a la señora, que escribe ardientemente. El tono del mundo la agita, y el destino trascendental de la clase obrera se identifica con su porvenir familiar y con sentido de su estilo, tomando en cuenta que, el sentido de su estilo, asume el rol propulsor de su dinámica. Sí, vive mundialmente, y sirve su función clasista. Ni por esnobismo, o por cálculo, únicamente por acerbo temperamento y mandato vital de su arquitectura.

Lacustre y marina, ama la montaña y el Sinaí dramático, precisamente, porque se intuye en lo femenino definitivo.

Prólogo a Oniromancia. Santiago: Multitud, 1943.

Epitafio de Pablo a Winnet (Santiago de Chile / foto: Marisa Negri)

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